La segunda Inmaculada que aún se conserva


La  Inmaculada Concepción, Madre  de los Pobres  es  una  advocación propia  de  la  piedad popular de  Guatemala.  La Iglesia Católica  siempre  ha  venerado  a la  Virgen como la que  es  auxilio de  cristianos, refugio de pecadores, madre  de los pobres  y de los pecadores. 
La  iconografía  de la Inmaculada  en Guatemala,  evolucionó al igual  que  en otras partes  del mundo como  lo hizo la  representación de esta  creencia. Es  por  ello, que la  representación de la Madre  de los Pobres  de la Basílica  de la Inmaculada, templo de  San Francisco de Asís, es  de crucial importancia  para la  historia  de  la  devoción concepcionista.

La  Virgen Pasionista (desaparecida),  la Virgen del Coro  y la Madre  de los Pobres, todas  ellas  representaciones  de la  Inmaculada; son las primeras  esculturas de  esta  creencia  en ese  templo.  Por lo  tanto la  Madre  de los Pobres  es la  segunda que  se  conserva aún en ese  templo. Probablemente en el país será  de las  pocas  representaciones de  la Inmaculada  como la toda  bella.
 
La  Virgen representa  a la  llena  de  gracia, que por  consecuencias  propias  de la  época  fue evolucionando  hasta verla  con ropajes, cabellera  y las manos  extendidas.  Pero  como simboliza  la Inmaculada Concepción de  María ( nueve meses  antes que Ella  nazca  de Santa Ana) es  imposible  que  lleve  en sus  brazos  un niño, pues  aún no es  madre.

Con la Inmaculada de los Pobres  se  cerraba  el ciclo de las  fiestas  de  concepción,  primero en la  octava cuando salía  en procesión  y posteriormente  en  enero.  Aunque  los  rezados  a la Inmaculada en otras  partes del  país  siguen  saliendo,  esta  imagen  aún cierra  el ciclo concepcionista  en la capital.



Lastimosamente su devoción ha ido  deteriorándose,  y la  profecía  hecha  a un obispo, por la  Virgen  resuena  ahora para  el resto de católicos.  Recuerden  pues  que la Inmaculada, con sus manos  extendidas les dice: “Vengan a  mí”   pues  yo como  tierna  Madre  los auxiliare;  pero si no se  recuerdan de  mí, Ella  saldrá  a  su  encuentro  y les  dirá: “Acuérdate  de la Pobre”.

San Juan Pablo II explica un poco del Niño Perdido (1997)

1. Como última página de los relatos de la Infancia, antes del comienzo de la predicación de Juan el Bautista, el evangelista Lucas pone el episodio de la peregrinación de Jesús adolescente al templo de Jerusalén. Se trata de una circunstancia singular, que arroja luz sobre los largos años de la vida oculta de Nazaret. En esa ocasión Jesús revela, con su fuerte personalidad, la conciencia de su misión, confiriendo a este segundo "ingreso" en la "casa del Padre" el significado de una entrega completa a Dios, que ya había caracterizado su presentación en el templo. Este pasaje da la impresión de que contradice la anotación de Lucas, que presenta a Jesús sumiso a José y a María (cf. Lc 2, 51). Pero, si se mira bien, Jesús parece aquí ponerse en una consciente y casi voluntaria antítesis con su condición normal de hijo, manifestando repentinamente una firme separación de María y José. Afirma que asume como norma de su comportamiento sólo su pertenencia al Padre, y no los vínculos familiares terrenos.


1. Como última página de los relatos de la Infancia, antes del comienzo de la predicación de Juan el Bautista, el evangelista Lucas pone el episodio de la peregrinación de Jesús adolescente al templo de Jerusalén. Se trata de una circunstancia singular, que arroja luz sobre los largos años de la vida oculta de Nazaret. En esa ocasión Jesús revela, con su fuerte personalidad, la conciencia de su misión, confiriendo a este segundo "ingreso" en la "casa del Padre" el significado de una entrega completa a Dios, que ya había caracterizado su presentación en el templo. Este pasaje da la impresión de que contradice la anotación de Lucas, que presenta a Jesús sumiso a José y a María (cf. Lc 2, 51). Pero, si se mira bien, Jesús parece aquí ponerse en una consciente y casi voluntaria antítesis con su condición normal de hijo, manifestando repentinamente una firme separación de María y José. Afirma que asume como norma de su comportamiento sólo su pertenencia al Padre, y no los vínculos familiares terrenos.

2. A través de este episodio, Jesús prepara a su madre para el misterio de la Redención. María, al igual que José, vive en esos tres dramáticos días, en que su Hijo se separa de ellos para permanecer en el templo, la anticipación del triduo de su pasión, muerte y resurrección. Al dejar partir a su madre y a José hacia Galilea, sin avisarles de su intención de permanecer en Jerusalén, Jesús los introduce en el misterio del sufrimiento que lleva a la alegría, anticipando lo que realizaría más tarde con los discípulos mediante el anuncio de su Pascua.

Según el relato de Lucas, en el viaje de regreso a Nazaret, María y José, después de una jornada de viaje, preocupados y angustiados por el niño Jesús, lo buscan inútilmente entre sus parientes y conocidos. Vuelven a Jerusalén y, al encontrarlo en el templo, quedan asombrados porque lo ven "sentado en medio de los doctores, escuchándoles y preguntándoles" (Lc 2, 46). Su conducta es muy diversa de la acostumbrada. Y seguramente el hecho de encontrarlo al tercer día revela a sus padres otro aspecto relativo a su persona y a su misión. 

 Jesús asume el papel de maestro, como hará más tarde en la vida pública, pronunciando palabras que despiertan admiración: "Todos los que lo oían estaban estupefactos por su Inteligencia y sus respuestas" (Lc 2, 47). Manifestando una sabiduría que asombra a los oyentes, comienza a practicar el arte del diálogo, que será una característica de su misión salvífica. Su madre le pregunta: "Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando" (Lc 2, 48). Se podría descubrir aquí el eco de los "porqués" de tantas madres ante los sufrimientos que les causan sus hijos, así como los interrogantes que surgen en el corazón de todo hombre en los momentos de prueba.

3. La respuesta de Jesús, en forma de pregunta, es densa de significado: "Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía ocuparme de las cosas de mi Padre?" (Lc 2, 49). Con esa expresión, Jesús revela a María y a José, de modo inesperado e imprevisto, el misterio de su Persona, invitándolos a superar las apariencias y abriéndoles perspectivas nuevas sobre su futuro.
En la respuesta a su madre angustiada, el Hijo revela enseguida el motivo de su comportamiento. María había dicho: "Tu padre", designando a José; Jesús responde: "Mi Padre", refiriéndose al Padre celestial.

Jesús, al aludir a su ascendencia divina, más que afirmar que el templo, casa de su Padre, es él "lugar" natural de su presencia, lo que quiere dejar claro es que él debe ocuparse de todo lo que atañe al Padre y a su designio. Desea reafirmar que sólo la voluntad del Padre es para él norma que vincula su obediencia.

El texto evangélico subraya esa referencia a la entrega total al proyecto de Dios mediante la expresión verbal "debía", que volverá a aparecer en el anuncio de la Pasión (cf. Mc 8, 31).
Así pues, a sus padres se les pide que le permitan cumplir su misión donde lo lleve la voluntad del Padre celestial.


4. El evangelista comenta: "Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio" (Lc 2, 50).
María y José no entienden el contenido de su respuesta, ni el modo, que parece un rechazo, como reacciona a su preocupación de padres. Con esta actitud, Jesús quiere revelar los aspectos misteriosos de su intimidad con el Padre, aspectos que María intuye, pero sin saberlos relacionar con la prueba que estaba atravesando.

Las palabras de Lucas nos permiten conocer cómo vivió María en lo más profundo de su alma este episodio realmente singular: "conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón" (Lc 2, 51). La madre de Jesús vincula los acontecimientos al misterio de su Hijo, tal como se le reveló en la Anunciación, y ahonda en ellos en el silencio de la contemplación, ofreciendo su colaboración con el espíritu de un renovado "fiat". Así comienza el primer eslabón de una cadena de acontecimientos que llevará a María a superar progresivamente el papel natural que le correspondía por su maternidad, para ponerse al servicio de la misión de su Hijo divino.

En el templo de Jerusalén, en este preludio de su misión salvífica, Jesús asocia a su Madre a sí; ya no será solamente la madre que lo engendró, sino la Mujer que, con su obediencia al plan del Padre, podrá colaborar en el misterio de la Redención. De este modo, María, conservando en su corazón un evento tan rico de significado, llega a una nueva dimensión de su cooperación en la salvación.

2. A través de este episodio, Jesús prepara a su madre para el misterio de la Redención. María, al igual que José, vive en esos tres dramáticos días, en que su Hijo se separa de ellos para permanecer en el templo, la anticipación del triduo de su pasión, muerte y resurrección. Al dejar partir a su madre y a José hacia Galilea, sin avisarles de su intención de permanecer en Jerusalén, Jesús los introduce en el misterio del sufrimiento que lleva a la alegría, anticipando lo que realizaría más tarde con los discípulos mediante el anuncio de su Pascua.

Según el relato de Lucas, en el viaje de regreso a Nazaret, María y José, después de una jornada de viaje, preocupados y angustiados por el niño Jesús, lo buscan inútilmente entre sus parientes y conocidos. Vuelven a Jerusalén y, al encontrarlo en el templo, quedan asombrados porque lo ven "sentado en medio de los doctores, escuchándoles y preguntándoles" (Lc 2, 46). Su conducta es muy diversa de la acostumbrada. Y seguramente el hecho de encontrarlo al tercer día revela a sus padres otro aspecto relativo a su persona y a su misión. 

 Jesús asume el papel de maestro, como hará más tarde en la vida pública, pronunciando palabras que despiertan admiración: "Todos los que lo oían estaban estupefactos por su Inteligencia y sus respuestas" (Lc 2, 47). Manifestando una sabiduría que asombra a los oyentes, comienza a practicar el arte del diálogo, que será una característica de su misión salvífica. Su madre le pregunta: "Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando" (Lc 2, 48). Se podría descubrir aquí el eco de los "porqués" de tantas madres ante los sufrimientos que les causan sus hijos, así como los interrogantes que surgen en el corazón de todo hombre en los momentos de prueba.


3. La respuesta de Jesús, en forma de pregunta, es densa de significado: "Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía ocuparme de las cosas de mi Padre?" (Lc 2, 49). Con esa expresión, Jesús revela a María y a José, de modo inesperado e imprevisto, el misterio de su Persona, invitándolos a superar las apariencias y abriéndoles perspectivas nuevas sobre su futuro.
En la respuesta a su madre angustiada, el Hijo revela enseguida el motivo de su comportamiento. María había dicho: "Tu padre", designando a José; Jesús responde: "Mi Padre", refiriéndose al Padre celestial.

Jesús, al aludir a su ascendencia divina, más que afirmar que el templo, casa de su Padre, es él "lugar" natural de su presencia, lo que quiere dejar claro es que él debe ocuparse de todo lo que atañe al Padre y a su designio. Desea reafirmar que sólo la voluntad del Padre es para él norma que vincula su obediencia.

El texto evangélico subraya esa referencia a la entrega total al proyecto de Dios mediante la expresión verbal "debía", que volverá a aparecer en el anuncio de la Pasión (cf. Mc 8, 31).
Así pues, a sus padres se les pide que le permitan cumplir su misión donde lo lleve la voluntad del Padre celestial.



4. El evangelista comenta: "Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio" (Lc 2, 50).
María y José no entienden el contenido de su respuesta, ni el modo, que parece un rechazo, como reacciona a su preocupación de padres. Con esta actitud, Jesús quiere revelar los aspectos misteriosos de su intimidad con el Padre, aspectos que María intuye, pero sin saberlos relacionar con la prueba que estaba atravesando.

Las palabras de Lucas nos permiten conocer cómo vivió María en lo más profundo de su alma este episodio realmente singular: "conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón" (Lc 2, 51). La madre de Jesús vincula los acontecimientos al misterio de su Hijo, tal como se le reveló en la Anunciación, y ahonda en ellos en el silencio de la contemplación, ofreciendo su colaboración con el espíritu de un renovado "fiat". Así comienza el primer eslabón de una cadena de acontecimientos que llevará a María a superar progresivamente el papel natural que le correspondía por su maternidad, para ponerse al servicio de la misión de su Hijo divino.

En el templo de Jerusalén, en este preludio de su misión salvífica, Jesús asocia a su Madre a sí; ya no será solamente la madre que lo engendró, sino la Mujer que, con su obediencia al plan del Padre, podrá colaborar en el misterio de la Redención. De este modo, María, conservando en su corazón un evento tan rico de significado, llega a una nueva dimensión de su cooperación en la salvación.

Navidad, 25 de diciembre


Navidad, es  la  celebración de la  natividad  de  Jesús.  El día  en que  se  recuerda  el hecho, que Cristo se  hizo hombre.  Las  fechas se  colocaron en base  a lo que  creían los primeros cristianos,  y así se observa la  diferencia  entre las  comunidades.  Aunque  en la  actualidad  no se puede  determinar la  fecha exacta de  su nacimiento, ni de  su muerte, algunos  estudiosos  han señalado diferentes  fechas  que  no coinciden propiamente  con las  celebraciones liturgicas.



CELEBRAMOS EL HECHO DE  SU NACIMIENTO

Sabemos que con su nacimiento, partió la historia en dos, pero es muy difícil determinar la fecha exacta. Actualmente, la Iglesia no afirma que Jesús nació precisamente el 25 de diciembre, sino únicamente celebra el hecho de su nacimiento. Según parece, esta fecha fue elegida debido a la intención de los primero cristianos, que querían dar una fecha exacta al nacimiento de Cristo, situándola en la misma fecha en la cual creían que había muerto, 25 de marzo. Luego, del 25 de marzo al 25 de diciembre hay 9 meses.




Los cristianos de oriente, por su parte, creían que la Encarnación de Cristo ocurrió el 6 de abril, por lo que celebran la Navidad el 6 de enero. La teoría de que la celebración de Navidad se colocó para desplazar la Fiesta del Sol Invencible en Roma no puede comprobarse, pues esa fiesta fue instituida por Marco Aurelio en el año 274. La Navidad ya era celebrada, según el historiador Sexto Julio Africano alrededor del 221.



“Fue un monje romano, Dionisio el Exiguo, quien en el año 525, situó la Anunciación y el Nacimiento en el año 754 de la fundación de Roma. El calendario que regía en aquel tiempo era el realizado por Julio César en el 46 a.C., conocido como calendario juliano, y recibió una pequeña modificación por el Papa Gregorio XIII en 1582. Lucas dice que Jesús nació durante el censo de Quirino, gobernador de Siria. El historiador Flavio Josefo dice que se realizó en el año 6 d.C.


Estudios actuales abogan por asignar a la fecha del nacimiento de Jesús entre el 7 y el 4 a.C. Benoit confirma esta opción basada en argumentos teológicos: en realidad, Lc anticipa el censo de Quirino para expresar algo que el Evangelio quiere subrayar, a saber, que Jesús nació en el momento en que una medida imperial incorporaba la Judea al Imperio y, según el designio de Dios, preparaba el terreno a la difusión del Evangelio.”

--------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Fuentes

Zuleta, P. Antonio (2015) Apuntes de clase. Teología  Fundamental.

Oración a la Inmaculada Concepción, Madre de los Pobres y Patrona de la Honra.




La imagen representa  a la Inmaculada en el momento en que  Dios la crea  sin pecado original. A sus pies  se  encuentra San Gabriel y San Francisco de Asís, para  recordar  que  Ella  es la llena de  gracia, la concebida  sin pecado.